lunes, 19 de octubre de 2009

¿ ENTENDIMIENTO O CONVENCIMIENTO ?

Desde tiempos remotos, el hombre ha estado siempre inmerso en una serie de incógnitas, que le han hecho pensar una y otra vez, en encontrar lo inexplicable para su razón. Siendo débil en el sentir, para ir descubriendo las realidades inherentes a su persona, y fuerte en tomar quizás decisiones precipitadas, contravienen a su guía de orientación, para vivir plenamente su responsabilidad en la liberdad.

En nuestra terquedad y limitación, no somos capaces de romper la telaraña que nos atrapa ,y nos impide liberarnos para escapar de la criatura que mora en ella.

En ocasiones, nos inyecta su veneno para aturdirnos, y en otras nos hiere de gravedad, si no lo remediamos.

Desde lo más profundo de  nuestro ser, nuestros sentidos van ligados íntimamente a una serie de valores intangibles, los cuales, iremos descubriendo si realmente lo deseamos. No los podemos ver, ni palpar, pero sabemos que están ahí, y que podemos garantizar que existen.

Algunos pueden ser positivos: El amor, el perdón, la misericordia etc.

Y otros, por el contrario podrían ser negativos: El odio, el rencor, la envidia, la ira etc.

Haciendo una pequeña reflexión, nos podemos preguntar si se podrían demostrar científicamente. Lógicamente, la respuesta sería no, pero nosotros tenemos la convicción que, aunque intangibles, sí existen.

Agustín, obispo de Hipona, hombre inteligentísimo donde los hubiera, era una persona que en su juventud se
dejó atrapar intensamente por la telaraña. Su madre Mónica, muy preocupada por el mal vivir de su hijo, sufría intensamente, y pese a hablar con él para que dejara esa vida disoluta, asimismo, rogaba y rogada a Dios por su conversión.

Un buen día, sin que lo esperara, cayeron en sus manos los textos bíblicos ,y fue tal el revulsivo que causó en Agustín que, inevitablemente ocurrió el milagro : La teleraña se rompió en mil pedazos.

A partir de entonces, quedó fascinado por la reconversión que había tenido lugar en su persona, y tal fue la huella que le dejó, que no cejaba en querer ahondar más y más en el conocimiento de Dios.

Un día se encontraba por la playa ensimismado en sus pensamientos.

A lo lejos vió a un niño sentado a la orilla del mar. Se acercó, y vió que el niño hacía un hoyo en la arena.

Agustín le preguntó...¿ Qué haces niño ?

El niño respondió.....Trato de meter todo el agua del mar en este hoyito.

Agustín le contestó.....¡ Mi niño, eso es imposible !

Y el niño concluyó......¿ Cómo te atreves entonces ,con esa pequeña mente que posees abarcar los designios insondables de Dios?

Hay ocasiones que en nuestra despreocupación, hacemos que Dios sea inadmisible.

En otras, lo hacemos admisible a medias, según nos convenga......Un Dios a nuestra medida.


Y por último, podemos hacer de Él nuestro punto vital y definitivo, para lograr que lo intangible y quizás lejano, se consolide en Luz que penetre en nuestra sombra y nos haga resplandecer como Jesús, en nuestra propia resurrercción ,y revestirnos de las tres virtudes optativas y gratuitas que el Creador nos ofrece:

                                             Fe, Esperanza y Caridad (Amor).

Saludos para todos aquellos que tengan la paciencia de leer estas palabras con mi respeto y consideración.


                                 Hasta una próxima ocasión si Dios quiere.

                                              Crivevi.  P.T.G.S.

4 comentarios:

Verónica dijo...

El relato lo conocía... recuerdo que me lo leí en el colegio... hace algunos años... y desde entonces... cada día... me siento llena de dudas como San Agustín y llena de certezas como el niño

Hay una frase que me dijeron también cuando leí ese texto... "Si quieres ser feliz, debes dejar a Dios ser Dios", y cada vez que tengo el alma agobiada intentando enterder porqué la vida es como es y no como a mi me gustaría que fuera... pienso... niña, no seas soberbia, no puedes tratar de entender a Dios, deja que se haga su voluntad que siempre es para mejor...

Y debo decir, confirmar, que he comprobado que hay cosas que parecen terribles cuando suceden, pero luego una se da cuenta de que eso fue lo mejor... y le das gracias a Dios por amarte tanto...


Un beso y un palcer compartir esto contigo

Alexia dijo...

Hermoso relato y profundas reflexiones sobre el entendimiento o convencimiento:
yo solo se que es superior a todo lo que soy capaz de comprender y que aunque no tengo a Dios como mi juez, ni mi verdugo. Aun así si comprendo que por mi formación esta integrado a todo cuanto soy...
Besos

CRIVEVI dijo...

Muchas gracias por tus comentarios sobre el gran San Agustín.
Hace muy poco que he comenzado a explorar este mundo cibernético, y debo decir que estoy gratamente sorprendido y muy animado a continuar la comunicación con las personas, para poder intercambiar opiniones y experiencias de vida.

Un saludo muy cordial.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tus hermosas palabras.
Lo más importante es que, si lo entendemos en nuestro interior más profundo, nos convencemos de que Dios sí que existe en cada uno de nosotros.

Afectuosos saludos.