lunes, 9 de julio de 2012

CAMINANTE

CAMINO LARGO Y ANGOSTO POR EL QUE TRANSITO.

VOY AVANZANDO, A VECES CANSINO, Y EN OTRAS OCASIONES EUFÓRICO POR ILUSIONES QUE ME DISTRAEN DURANTE EL CAMINO.

DE PRONTO, VEO UN MANANTIAL; ME DETENGO, ME REFRESCO Y BEBO EL AGUA QUE ME REVIVE DE NUEVO.

CONTINÚO, Y AL CAMINAR TROPIEZO.... ME CAIGO.

EN LA VAGUADA DE LO PROFUNDO DEL VALLE, YA EN EL OCASO DEL DÍA, ME ENREDO EN UNA ZARZA Y SUS ESPINAS ME HIEREN LA CARNE.


A LO LEJOS VISLUMBRO EL GRAN OCÉANO.
LAS AGUAS SON TUBULENTAS, MUY PROFUNDAS.
ESOS ABISMOS ME IMPACTAN.

NADO Y NADO HASTA ACABAR EXTENUADO Y A DURAS PENAS, ALCANZO LA OTRA ORILLA.

EN SUS ARENAS DORADAS HALLO ESE REMANSO DE PAZ QUE ME HACE APOYAR LA CABEZA PARA EXCLAMAR:

"GRACIAS POR ESTAR AHÍ"

Y DE NUEVO, REANUDO LA MARCHA INTUYENDO LO QUE AÚN ME ESPERA.

                                                    Armando p.t.g.s.


3 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Es bueno descubrir la orilla, luego, después de nadar tanto, Armando.
Abrazos.

Marina Fligueira dijo...

Es así la vida, y vale la pena el esfuerzo: caer y levantarnos, nadar el largo trayecto y alcanzar la otra orilla. Y sobretodo saber que ese alguien está ahí para danos su mono.

Un saludo muy cordial.

POEMAS DE FRANCISCA AVARIA M. dijo...

Hermoso y real, con caídas y más caídas, luego remansos de paz, al igual que la vida.

Gracias Armando por tu visita y tus palabras.
Francisca.